Hemos sido diseñados para comprender lo mínimo. Desde niños aprendemos que la vista captura la luz, como si su función fuera únicamente visual. Sin embargo, estos avances que les contamos hoy nos muestran la necesidad de una comprensión más profunda. La luz no solo permite ver: ha sido fundamental en la generación de la vida y participa en la regulación de los procesos biológicos que la sostienen.
Un tercer sistema en la retina
Durante mucho tiempo, la comprensión del sistema visual se centró en dos tipos de fotorreceptores: conos y bastones. Estos permiten formar imágenes y adaptarse a distintas condiciones de iluminación.
En 2002, el equipo liderado por Ignacio Provencio identificó un tercer tipo de células fotosensibles en la retina — las células ganglionares intrínsecamente fotosensibles (ipRGCs) — que contienen melanopsina, un fotopigmento distinto a los conocidos hasta ese momento. Ese mismo año, el neurocientífico David Berson, de la Universidad de Brown, confirmó experimentalmente que estas células responden a la luz por sí mismas y no participan en la formación de imágenes, sino en la regulación de procesos neurobiológicos.
La vía no visual de la luz
Las ipRGCs cumplen una función diferente. Informan al cerebro sobre el nivel general de luz ambiental. Esta información no se utiliza para ver, sino para regular procesos biológicos.
Este sistema activa lo que hoy se conoce como la vía no visual de la luz. A través de esta vía, la información luminosa llega a estructuras cerebrales que controlan el ritmo circadiano.
En particular, permite sincronizar el reloj biológico interno con el ciclo de luz y oscuridad del entorno.
Luz y regulación fisiológica
La activación de esta vía tiene efectos directos en la regulación hormonal. La luz influye en la producción de melatonina, asociada al sueño, y cortisol, relacionado con el estado de alerta.
También interviene en la modulación de neurotransmisores como la serotonina, vinculada al estado de ánimo.
Esto implica que la luz no solo permite ver. También regula funciones biológicas fundamentales.
Implicancias en iluminación residencial
Este descubrimiento modificó de manera significativa la comprensión del rol de la luz en los espacios habitados.
En el contexto residencial, cada decisión de iluminación tiene impacto biológico. La temperatura de color, la intensidad de la luz en el dormitorio o la cantidad de luz natural que ingresa por una ventana influyen en la sincronización del sistema circadiano.
Estas variables afectan los ciclos de sueño, los niveles de alerta y el estado general de las personas.
Diseñar considerando la biología
Un espacio que ignora la vía no visual de la luz no es neutro. Está, en la práctica, operando en contra de la biología de sus habitantes.
Incorporar este conocimiento en el diseño residencial implica reconocer que la luz es una variable fisiológica, además de visual.
Diseñar iluminación sin considerar la vía no visual de la luz es diseñar sin considerar al usuario en su totalidad.
Referencia
Provencio, I., et al. (2002). Melanopsin: An opsin in melanophores, brain, and eye. Proceedings of the National Academy of Sciences.
Berson, D. M., Dunn, F. A., & Takao, M. (2002). Phototransduction by retinal ganglion cells that set the circadian clock [Fototransducción por células ganglionares de la retina que regulan el reloj circadiano]. Science
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